viernes, 11 de septiembre de 2009

LA HISTORIA NO QUIERE SER CONTADA

Desde hace varios días, casi suman un mes, quiero escribir una historia que, me parece, reúne los requisitos que justifiquen el tiempo a dedicarle en su elaboración.
Pero, no es que el ritmo de vida agende mis actividades según la importancia, para pensar ahora que mis textos sólo los escribiré si valen la pena. De hecho, hasta me sobran horas del día.
Tampoco tengo un bloqueo mental, como ha pasado en otras ocasiones, que me impida vaciar mis ideas en esta pantalla.
Ni el desgaste de las neuronas, ni el deterioro de mis funciones cerebrales, tras 17 años de trabajo bajo los efectos del alcohol; 9 años laborando horas extras, hasta altas horas de la noche, ocasionalmente con turnos de 48, 72 y 96 horas; y 6 años manteniendo este ritmo con la ayuda de “vitaminas”, es la causante de que aún no escriba la historia que pretendo.
Es una historia que no quiere ser contada, así de simple. No en este momento.
Por ahora, prefiere refugiarse en uno de los pocos compartimentos que le quedan a mi memoria.
Esta historia quiere crecer, desarrollarse, para que, cuando sienta que está lista, salga de su escondite, revelándole al mundo lo que hoy sólo yo conozco.
Quizá mañana, en una semana, un mes, 10 años… mejor que sea la propia historia quien diga cuándo podremos conocerla.

lunes, 24 de agosto de 2009

UN AÑO, ABUELA

Creo que el 25 de agosto es un buen día para salir de aquí...

martes, 18 de agosto de 2009

OTRA PUNTADA

Por si una no es suficiente, aquí hay otra...

18 de agosto del 2009

Comunicado No. 841





“Mujeres de Arena”, en Solidaridad





El trabajo que en materia de prevención y de seguridad pública desarrolla el presidente Román Quian Alcocer se refleja en la atención para que las mujeres y niñas de Solidaridad estén protegidas en comparación con otras partes del país, destacó la Directora de Equidad y Genero, María Soto de Mandret, durante la presentación del libro “Mujeres de Arena”.



Ayer se llevó a cabo, en el auditorio del Centro de Cultura de Solidaridad, la presentación de este libro del autor Humberto Robles. Ahí la Directora de Equidad y Género expresó que Solidaridad es un municipio que está libre de asesinatos a mujeres y niñas.



El autor de “Mujeres de Arena”, presentó su obra que relata, a través de poemas escritos por diferentes literatos e intervenciones de familias, los casos de las llamadas “muertas de Juárez”.



María Soto de Mandret dio la bienvenida a este escritor que, en su obra, narra las historias de los asesinatos de mujeres y niñas en Ciudad Juárez.



“Es un gusto saber que el gobierno de Román Quian Alcocer trabaja fuertemente por la seguridad de las mujeres solidarenses. Felicito al Comandante Rodolfo de Ángel Campos quien está a cargo de la Dirección de Seguridad Pública, por trabajar de manera eficiente, dando buenos resultados para los solidarenses”, señaló Soto de Mandret.



Por su parte, la Directora de Cultura, Lili Miss Martínez, destacó que Humberto Robles llegó hasta Playa del Carmen para presentar su obra en la cual da a conocer las injusticias que se viven en otras partes del país.



“Debemos de trabajar en conjunto para que la impunidad no llegue a nuestros corazones, como padres y autoridades somos responsables de las nuevas generaciones que vienen y que son el futuro de nuestro estado”, puntualizó.



Asimismo, cabe mencionar que Humberto Robles colabora en la Asociación “Hijas de regreso a Casa” la cual se encarga de ayudar a las familias que perdieron a sus hijas, esposas etc., en un homicidio.



Al evento asistieron, entre otras personas, la regidora Amada Moo Arriaga, el Director de Seguridad Pública, Rodolfo del Ángel Campos; la Subdirectora del DIF-Solidaridad, Patricia León Quince; el Subdirector de Turismo, Augusto Sosa Selem y la representante de Mujeres de la CROC, Carmen Cruz, entre otras personas.

viernes, 14 de agosto de 2009

QUÉ BUENA PUNTADA

Es gracias a este tipo de puntadas que no me he animado a publicar un libro en esta entidad:

http://www.solidaridad.gob.mx/index.php/agosto/1755-manual-para-ser-alcalde-en-quintana-roo-en-solidaridad

“Manual para ser Alcalde en Quintana Roo”, en Solidaridad


Miércoles, 12 de Agosto de 2009 15:18

Con el apoyo del Ayuntamiento de Solidaridad, este viernes 14 de agosto el escritor Ismael Gómez Dantés presentará su libro "Manual para ser Alcalde en Quintana Roo", en las instalaciones del Auditorio del Palacio Municipal. La ceremonia se ha programado para las 19:00 horas, y se ha invitado a personalidades de la comunidad cultura e intelectual, así como a autoridades y ciudadanos del municipio.

De acuerdo con el autor, este libro "Manual para ser Alcalde en Quintana Roo", es un divertimento político-profiláctico, en donde se conjugan testimonios de suspirantes y actores políticos que ya han probado las mieles del poder.

Gómez Dantes destaca que su obra es un breve manual que contiene testimonios alternados como los del presidente municipal de Solidaridad, Román Quian Alcocer; la Secretaria de Turismo en el estado, Sara Latife Ruiz Chávez, entre otros.

El autor explica:

"Manual para ser Alcalde en Quintana Roo", es autoría de un escritor tan irreverente, como puntilloso, con 25 años en el periodismo.

En el cuerpo del libro, Gómez-Dantés consigue el decálogo plural e ideal, para llegar a ser alcalde, o mejor aún, los errores que uno no debe cometer en la rebatinga de altos vuelos que hoy en Quintana Roo adquiere una vigencia coyuntural, en tanto que el run run, el sube y baja, el pasabocas, el cotilleo, el comentario de café, trasbambalino, o de mesa de redacción, avisa una sucesión adelantada...

El breve manual contiene testimonios alternados en el libro como lo son:

Román Quián, alcalde de Solidaridad
Pedro Joaquìn Coldwell
Sara Latife Ruiz Chávez
Carlos Cardín Pérez
Don Gastón Alegre
Miguel Borge Martín
Roberto Borge
Aurelio Joaquín
Lupita Novelo
Rafael Lara y Lara
Jorge Polanco Zapata
Carlos Joaquín González
Fidel Villanueva
Fernando Martí Brito, entre otros.

Y añade:

Salpicado de ironía y de humor, el texto puede provocar de todo menos indiferencia y uno puede reconocer a lo largo de la lectura el estilo juguetón, la sátira y el filoso bisturí del autor de la muy famosa columna política: Jaranchac Político, claro está, aderezada de la sabia asesoría de su séquito elite de asesores mayas entrenados en Israel...


Tres horas antes de escribir esto fue la presentación, a la cual por supuesto no asistí.
Pero, por lo que me contó un amigo, creo que fue un error de mi parte.
Esto porque, en este lugar, no es común que alguien presente un libro y, por lo mismo, no sé cuándo sucederá de nuevo.

A este tipo de eventos son más los políticos que llegan, con el único propósito de figurar. Hace poco más de un año me di cuenta.

Para celebrar los XV años de la creación de este municipio, Solidaridad, el gobierno local le regaló a las principales figuras del poder un ejemplar del libro, especialmente encargado al cronista de la ciudad, Raymundo Tineo Celaya, que recoge la historia de este capítulo: “XV Años de Solidaridad, 1993-2008”
El texto, es una recopilación de las anécdotas y situaciones que llevaron al nacimientos del octavo municipio del estado de Quintana Roo, narrada por sus principales protagonistas.
El libro se ganó decenas de reconocimientos y elogios de funcionarios hipócritas que ni siquiera leyeron el prólogo.
Al haber participado en la elaboración de “XV Años de Solidaridad”, estuve presente en la mayoría de las entrevistas que el cronista realizó a los actores que participaron en este capítulo de la historia local.
Tras la presentación del libro, pedí la opinión, a algunos de los entrevistados, sobre el trabajo elaborado.
Todos respondieron lo mismo: Muy bien hecho.
Pero cuando hacía referencia a una foto o una parte del texto, a fin de intercambiar impresiones…

Fue una turista extranjera quien le dio más valor a la obra.
Al encontrar el texto, en uno de los estantes de la biblioteca “Leona Vicario”, se interesó por él, preguntándole a la encargada del lugar dónde podía comprarlo.
La bibliotecaria la remitió a la dirección de Comunicación Social donde, luego de suplicar por una copia, el entonces titular del área le regaló un ejemplar.
Cuando me enteré de esta anécdota, fue cuando sentí la satisfacción de haber colaborado en la publicación.

Y, por todo esto, me queda claro que es preferible ser un autor no publicado a presentar un libro que sólo alimentará mi ego y que servirá de pretexto para reunir a decenas de branquiacéfalos que, llegando a su casa, dejarán mi obra en el fondo de su estupidez.

martes, 11 de agosto de 2009

PACTO

Parece que el pacto de no agresión, que acordé con las computadores, expiró.
Pasaron varios meses, algunos años, sin descomponer ningún equipo, desconfigurarlo o infectarlo, hasta que esta tarde eché a perder el messenger y alteré el iTunes.

Ya perdí la cuenta de las computadoras y lap's que he jodido. Pero en todas las ocasiones ha habido un común denominador: no tener la mínima idea de cómo lo hice.

La primera que desconfigure, fue una lap que mi amigo el Guayabo me prestó para escribir mis cuentos... nunca me cobró la reparación.
A mi hermano, me parece que le jodí dos equipos. El primero no lo tengo claro. El segundo fue en el 2004 cuando trabajaba unos escritos y al irse la luz, ni con el regulador se salvó el ventilador de la computadora de quemarse... como tampoco la libró, en la compostura, de que le cambiaran partes viejas por las casi nuevas del equipo.

Tiré una lap por no asegurarme de que el portafolio en el que la llevaba siempre estuviera cerrado. A otra la aventé contra la pared, como represalia a sus continuos bloqueos, afectando mi trabajo.

Y la primera lap que no me dio ningún problema e, incluso, me permitía acceder al Internet gratuitamente, la rematé en 1,500 pesos para costearme el viaje de vuelta a este lugar.

Todos estos incidentes, de alguna manera, me llevaron a un acuerdo de convivencia.
Procuré, entonces, usar cualquier equipo, de quien fuera; prestado, rentado o asignado para mi trabajo, a fin de no dañarlos.
Y desde que compré esta iBook, a mi hermano, también la he utilizado responsablemente.

Sin embargo, como las veces anteriores, la desconfiguré sin encontrar una sóla explicación sobre las causas que me dejaron sin messenger y que me tienen subiendo mi música al iTunes para poder escucharlas, canción por canción...
Menos mal que no tengo ganas de manifestar mi ignorancia aventando la Mac contra la pared.

jueves, 30 de julio de 2009

RESTOS DEL PASADO RECIENTE

Hay amigos que encuentro en momentos inoportunos, o cuando menos quiero ver, pero que, al menos, me ponen al tanto del mundo que deje atrás, semioculto.
Fue el caso de Raúl, integrante del denominado “escuadrón de la muerte” y cincuentón que cambió la guitarra por la cañita; uno más de los que la arena cobija por la noche en la playa.
Apoyado por unas muletas, caminó hasta el puesto de cochinita pibil donde yo esperaba una torta que hiciera pareja con mi Coca Cola.
Tres, quizá cuatro años de no coincidir en las calles de este intento de ciudad justificaron el gasto extra para convidarle una torta y un refresco igual al mío.
La sencillez de su vida, le permitía hablar sin disimulo.
Como si pidiera la hora, preguntó si aún me atascaba de perico, generando reacciones distintas en los gestos de las cuatro personas que estábamos alrededor del puesto ambulante.
Para balconearme de plano, Raúl exhibió el rubor que pintaba mi rostro, “estás bien rojo, mi hermano, qué onda así”.
Antes de que siguiera haciendo pública mi vida privada, o los vicios que guardo en ella, le pregunté sobre su historia, enfocándome al origen de las muletas que lo sostenían.
Fiel a su modo de ser, sintiéndose una persona culta que no termina de aceptar que es un paria, expuso que padecía de un aumento asintomático de ácido úrico en la sangre.
Sin dar tiempo a una respuesta, definió en una palabra su enfermedad, gota, para así verse como un erudito viviendo entre ignorantes.
Consciente de que esa torta podría ser el único alimento del día, o más, la consumió pausadamente. Y, con ello, sacarme otro refresco, el cual pidió para llevar en una bolsa a falta de vaso desechable.
Mi poca pericia para poner fin a un encuentro de esta naturaleza, me llevo a un lento recorrido sin rumbo, acoplándome al paso de Raúl quien, por su parte, hizo un recuento de los integrantes del “escuadrón”.
Los que quedan, los que se llamaban.
Los que pudieron dejar al “escuadrón” y la botella; y los que ocuparon su lugar.
Sólo a unos cuantos ubiqué de los múltiples apodos que citó Raúl. Pero les di la misma importancia a todos: ninguna.
Igual que con los cientos de turistas con quienes mantuve una cordial relación en el pasado, ésta fue breve, esporádica; semejante a la que tenía con algunos de los miembros del “escuadrón”.
Calles después, cuando pude anunciar la despedida, Raúl utilizó el momento para pedirme “una moneda”. Como si fuera un protocolo a seguir cada que nos encontramos.
Sin embargo, no sé por qué se la negué en esta ocasión. En todos los encuentros anteriores, siempre hice la parte que me correspondía de este “protocolo”.
Ni siquiera recurrí a la clásica mentira de no tener cambio en ese instante. Simplemente le dije que no.
Ahora, creo que fue el hecho de decirme que ya no tomaba y que la moneda sería para costear su pasaje a la doble A, lo que me llevo a negársela.
“Una moneda, la que haya en tu corazón”, suplicaba en un último intento.
Al preguntarle qué había, entonces, en su corazón, respondió que “pura vida”.
“Yo también tengo pura vida, Raúl”, dije dándole la espalda a él y a los restos de mi pasado. Pero sin librarme de un “¡pinche culero!”, con el que se despidió, y que mi cerebro conserva, aún, en sus entrañas.

viernes, 24 de julio de 2009

MI NUEVO CUARTO

Pareciera que ninguna habitación me soporta y por eso soy una especie de nómada moderno que, para no sembrar y cosechar, me quedo en un sitio hasta que éste ya no cubre mis necesidades, y emprendo la marcha a otro lado.

Mi nuevo cuarto mide seis metros de largo y tres de ancho, pero cuenta con baño individual que tiene puerta con espejo y hasta un ventilador de techo que es de gran ayuda para no encerrar el calor.
No le cabe un librero pues el sofa-cama acapara el espacio, incluso el aéreo ya que no puedo mecerme en la hamaca o, de menos, estirar mis extremidades como acostumbro para un descanso más agradable.
Unas repisas de cemento compensan la falta de espacio permitiéndome poner mis libros (pocos, por cierto), películas y cuadros. Y el closet con puertas sirvió para que las cosas que deben estar regadas en el piso, para darle ese imagen de desorden a la habitación, las ocultara.
Otro ventilador de techo hasta ahora cumple adecuadamente su función de lanzar aire fresco, pero con el riesgo de golpearme las manos si por un descuido las levanto, ya sea para ponerme una camiseta o jalando la cadena que enciende y apaga el foco.
Si la temperatura llega a ser insoportable, el aire acondicionado será mi mejor amigo por su importante contribución para quitarme el calor.
Tengo un frigobar al cual pienso meterle un Jagermaister, un Jameson y unas cervezas para consentir a las visitas. De momento sólo conserva mi yogurth para el cereal, dos manzanas y mi tarro de los Pumas con agua.
La estufa eléctrica servirá para prepararme de vez en cuando algún alimento; huevos revueltos con salchicha y chilaquiles principalmente.
Y la barra de cemento la podré adaptar como mesa, aunque ahí estará mi reproductor de música, el que guardé en una casa de empeño por 300 pesos para acompletar el depósito.
Igual de cemento, una especie de centro de entretenimiento diseñado exclusivamente para colocar el televisor, separa dos ventanas con vista al pasillo.
Éstas últimas, preferí dejarlas con las persianas cerradas, evitando así que mis vecinas se cohiban o sientan incomodas ante mi lasciva mirada.

Mi cuarto, o estudio, es parte de un conjunto habitacional; seis edificios con cuatro estudios, más otras casas que ocupan la mayor parte de la manzana.
La renta del reducido espacio que me dará privacidad, me da derecho a usar un patio con jardín, que cuenta con una mesa y dos bancas de cemento, y un asador para carnes, aptos para organizar una parrillada con mis amigos… en tanto no perturbe la tranquilidad de mis vecinos.
Vivo en una zona céntrica, a cinco calles de la playa y la zona turística, a cuatro de mi antro favorito, a tres de mi oficina, y a dos de mi taquería predilecta.
Por su ubicación, es obvio que la renta me obligará a administrar cuidadosamente mi salario.
Es probable que la estufa eléctrica la utilice un mayor número de veces, a como pensé en un principio.
Tal vez me adapte a las altas temperaturas y olvide que tengo clima artificial, para que los recibos de la CFE sean fáciles de cubrir, evitando el corte en el suministro.
A lo mejor las chelas y el alcohol con que quiero recibir a las visitas no las habrá en el frigo y sólo tendré para ofrecer a las visitas un vaso con agua.
Quizá nunca organice una parrillada y en la mesa del patio sólo se sentarán los amigos a fumar cigarros; ni siquiera mariguana por aquello de la mojigatería humana que conlleve a que la administración me pida el cuarto.
El espacio de 6 por 3 no vale el precio que tendré que pagar en los siguientes meses, estoy consciente.
Sin embargo…
A pesar del área tan reducida, que me obliga a contar con lo necesario para no hacerlo más estrecho, hay suficiente espacio para la mesa plegable donde asiento mi iBook G4.
Por ahora, estoy bien así. No me hace falta un lugar más grande para salir del mundo.
He estado en diversos cuartos; en unos, rentando solo, y en otros, compartiendo.
El último refugio que renté solo, durante 54 meses, era de 6 por 4.

Mucho tiempo atrás, viví en una palapa de 3 por 3 con un amigo, la cual estaba dentro de una propiedad donde compartíamos un baño y un pozo del que sacábamos el agua para echar a la taza y para ducharnos, con otras seis palapas habitadas por familias de 4 y hasta 7 integrantes; en una época en la que nos era difícil pagar 600 pesos (300 cada uno) de renta.
En condiciones muy distintas a las de aquél tiempo, el sentimiento que festejo en este instante es comparable al que me ayudó a resistir ese periodo.
La satisfacción de abandonar el nido materno, liberarme de las obligaciones y normas que regían bajo ese techo y, sobretodo, no depender más del dinero de otros, fue el aliento que me mantuvo tres meses soportando esas deplorables condiciones.
Como en esa época del 99, llego a un sitio que desde hoy identifico como mi hogar. Sin dinero, igual que hace 10 años, aunque ahora con un empleo.
Eso sí, a diferencia del ayer, no tenía dinero pero tampoco deudas. Hoy tengo sólo un poco, insuficiente para cubrir todos los préstamos y obligaciones fiscales.

Durante el tiempo que permanecí en aquella palapa de 3 por 3, miraba al futuro. En esta habitación de 6 por 3, escribiendo esto, miro al pasado.